Estilo de vida

Todas estas señales indican que, aunque no quieras reconocerlo, te pareces a tu madre

16/07/2018, a las 04:01

Hace unos años, solo pisabas la cocina para ponerte fino a canelones. Lo de pasar las horas entre fogones no era lo tuyo. En la actualidad, la mejor bechamel del barrio brota de tus manitas. ¿Desde cuándo has dejado de ver películas de ciencia ficción por seguir la receta de bacalao al pilpil de ese programa mañanero?

El reloj biológico no solo te dice cuando es el momento de tener descendencia. También te avisa de que te estás convirtiendo en tu madre. Así que si cumples alguna de las siguientes premisas… ¡estás en el camino!

No te callas ni debajo del agua

1. Dices sus mismas frases

Desde «rápido, bébete el zumo, que se van las vitaminas» hasta el clásico «te lo dije». Has logrado sortear el contagio en todos estos años a su vera… hasta hoy. Ahora no paras de advertir a tu pareja con el típico «el día que yo falte…» después de aconsejarle que se lleve una rebequita al trabajo, «que luego refresca».

2. Corriges a todo el mundo

Ya te quedó claro en la adolescencia que no podías darte un chapuzón después de comer. ¡No habías hecho la digestión! También que tenías que caminar con la espalda erguida y que para hacer un cocido tenías que ablandar los garbanzos. ¿Cuántas veces acudiste a estas sabias lecciones para dar consejos en el último mes? No hay más preguntas, señoría.

3. Hablas con gente desconocida

Estás en la cola del supermercado y no coges el móvil del bolso, sino que empiezas a hablar con la señora de atrás. El precio del atún, esa oferta de tres por dos o Eurovisión; la excusa para entablar conversación es lo de menos. Eso sí, el tema estrella sigue siendo el tiempo, por supuesto.

4. Nadie se queda con hambre en tu casa

Nunca pensaste que dirías aquello de «si te quedas con hambre, te frío un huevo»​. Vamos, el ‘mi mamá me mima’ de los días en los que tu madre tiene invitados. Evidentemente, haces como ella: da igual que te diga que no… le fríes dos.

No estás para estos trotes

5. Ya te pierdes con las nuevas tecnologías

​Te reías cuando ella no sabía ni qué era WhatsApp, pero el universo digital camina a un ritmo tan frenético que te has quedado desfasado. Ahora los niños de diez años te dan mil vueltas. Asúmelo.

6. Te vuelves olvidadizo

«¿Apagué el horno? ¿Y si he dejado la vitrocerámica encendida…? ¿No dejaría la lavadora puesta?» Te preguntas todo esto al salir de casa, sí, pero eres tan responsable como ella y vuelves para comprobarlo.

7. Se acabaron los viernes

Antes eras el alma de la fiesta. Ahora te entra sueño antes de las doce. Donde estén tu manta y tu sofá que se quiten tu copa y la barra del bar. Antes te gustaban los viernes para desfasar. Ahora para acostarte pronto y despertarte temprano, mientras tu hijo salta en tu cama.

8. En tu bolso entra todo

Pastillas para el dolor de cabeza, tiritas, jabón desinfectante para las manos, pañuelos… Si tu bolso parece un botiquín, no te estás desviando del camino ni lo más mínimo. Eres un digno hijo de tu madre. ¡Y podrías sobrevivir un mes en una isla desierta solo con esa casa de socorro colgada del hombro!

Y dicho esto, la conclusión es clara: ¿qué mejor que parecerte a tu persona preferida, a la que más admiras y a la que quieres por encima de todas las cosas?

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