La historia del reloj: tienes que conocerla si tienes niños cerca

Ana Más

Cualquier persona que conviva, trate o cuide a un niño debería conocer esta historia, esto es lo que afirma en su Instagram Armando Bastida, creador del blog Criarconsentidocomun.com, además de padre y enfermero de pediatría.

Para entender quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos y, a partir de ahí, entender por qué los niños y niñas son como son y hacen lo que hacen. Y también para saber cómo transmitir los valores que necesitan para vivir en la sociedad de hoy en día.

Bastida cuenta en su Instagram la historia del encuentro entre un profesor ya mayor y su alumno que se encuentran pasados los años. El chico, ya adulto, le saluda y le pregunta si se acuerda de él y de la historia del reloj.

La historia del reloj

Se trata de una historia basada en hechos reales que circula por WhatsApp y de autor desconocido.

Cuando era niño un compañero suyo trajo un día a clase un precioso reloj de bolsillo que le había quitado a su padre sin que se diera cuenta, él sintió tanta envidia que en un descuido se lo quitó.

El niño, al darse cuenta, le pidió al profesor que pidiera al resto de chicos que quien lo tuviera lo devolviera, pero él no quería devolverlo. El profesor les pidió a los niños que se pusieran en fila y cerraran los ojos y que él mismo buscaría el reloj en sus bolsillos.

Cuando llegó al bolsillo del protagonista de la historia lo cogió sin hacer el menor comentario y siguió mirando los bolsillos del resto de los niños. Cuando terminó dijo: «ya pueden abrir los ojos, ya tenemos el reloj«.

No le delató y eso, según el chico, hizo que ese fuera el día más importante de su vida, ya que añadió que el profesor había salvado su dignidad, además de haberle hecho entender el mensaje sin una sola reprimenda. De otra manera habría quedado como un mentiroso y un ladrón y todos le habrían visto como una mala persona.

El profesor, ante la pregunta de si recordaba la historia del reloj, contestó que sí que la recordaba perfectamente pero no al chico ya que él también había cerrado los ojos mientras lo buscaba.

Una historia que, según el enfermero, es una manera de mostrar que para corregir no hay que humillar y lo que los adultos podemos y debemos ofrecer a los niños y niñas es la capacidad de APRENDER A SER. Y para ello, nada mejor que la humildad de saber que cuando alguien enseña, también aprende.

A menudo, una segunda oportunidad es una manera ideal de permitir a otra persona aprender de su error.

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