Joaquín Sabina, «un cateto de Úbeda»

Nuria Serena
Archivado en: Joaquín Sabina  •  

Le encanta definirse así y a sus 66 años, tras publicar una veintena de grabaciones de estudio, de las que ha vendido más de diez millones, y escribir nueve libros, cree «un milagro haber cruzado el Atlántico y cantar más veces en México y Buenos Aires que en España».

Joaquín Sabina se encuentra en Panamá, único país latinoamericano en el que no había actuado hasta ahora, además de Bolivia y Nicaragua.

En una entrevista concedida a la agencia EFE Sabina se sincera y entre otras reflexiones confiesa que «Me importa un carajo mi trascendencia -asegura el artista-, lo único que me importa es que cuando me muera deje al menos 16 canciones que no me den vergüenza y hayan cruzado el mar, pero lo que pase después de mis cenizas te aseguro que no me importa lo más mínimo«.

Sin pudor y con una honestidad brutal se moja en política: «Hace un mes estuve unas horas con el Pepe del Uruguay, Pepe Mújica, y me fascinó como fascina a todo el mundo, porque hace falta mucha gente como él que crea en lo que dice y viva como dice«, explica. Al contrario, manifiesta sus reservas hacia la figura del expresidente venezolano Hugo Chávez, «a pesar de lo bueno que haya podido hacer». «Y si no me gustaba Chávez -agrega-, ni te cuento lo que opino de Nicolás Maduro», su sucesor.

Para explicar su gustos e influencias Sabina se declara «más inclinado a Lou Reed que a Bruce Springsteen«. Devoto de Bob Dylan, el cantautor español opina que a ese artista estadounidense «hace años ya le debían haber otorgado el premio Nobel de Literatura… Y a Leonard Cohen también«, agrega.

«Yo sigo buscando el Bob Dylan español, el Leonard Cohen español, el Goerges Brassens español, el Ruben Blades español..«, confiesa el autor de canciones como «Calle Melancolía», Pongamos que hablo de Madrid» o «Peces de Ciudad», está última su favorita junto a «Y sin Embargo».

Sabina reivindica su austeridad, en lo que la fama a hecho de su vida y sus costumbres, y asegura que su único patrimonio es «una espléndida biblioteca».

«Mi sueño erótico es ser invisible, porque a mí me gusta mirar y no que me miren», concluye.