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Me he enamorado de un sacerdote «Su profesión no es compatible con una relación de pareja, pero nos queremos»

Álvaro Díaz
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Conocí a Fernando en un viaje de trabajo a Madrid. Él siempre me guardó en secreto su verdadera profesión porque no iba a entender a lo que verdaderamente él se dedicaba. En esta historia había algo que me hacía estar en un mar de dudas y era ¿por qué él nunca me dejaba ir a su casa a Madrid? Empecé a desconfiar demasiado en él y un día después de muchos meses fui yo la que se presentó en la capital de nuevo y con los pocos datos que tenía llegué hasta su casa. Él no se dio cuenta pero a través de saber su número de teléfono fijo logré saber cuál era la dirección. Allí me planté ese viernes a las 8 de la tarde y a los pocos minutos salía del portal, todo había salido a pedir de boca. Lo seguí y sus pasos me llevaron a un comedor social de una ONG. ¡Vaya! Había estado juzgándolo pensado que me engañaba y solamente a él le daba pudor contarme que se dedica a dar ayuda social en una asociación vecinal o una ONG. Le llamé al móvil y salió a la puerta, yo escondida hablé con él y me dijo que estaba trabajando y que no podía atenderme, no quise robarle más tiempo y lo dejé trabajando. En una de estas que salía una mujer del comedor la abordé y le pregunté por Fernando, sobre su labor y que pensaba de el. Ella me respondió. ¿Fernanado? ¿El Padre Fernando? Imaginaros mi cara al escuchar lo de «Padre». Mi cerebro empezó a unir piezas del puzzle y a ver la fotografía completa del puzzle. Llevaba más de seis meses enamorada de un cura y un cura enamorado de mi. No dude en esperarlo a la salida de la cena social para que me diera explicaciones. Sus explicaciones no me convencen. ¿Cómo puedes estar comprometido con la Iglesia y al mismo tiempo conmigo? Fernando y yo seguimos juntos. Pero esta situación ¿Hasta cuándo?
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