
Este principio, atribuido al fraile franciscano Guillermo de Ockham, sostiene que la explicación más sencilla suele ser la más probable. Aplicado a la vida cotidiana, cuando te enfrentas a varias alternativas, la opción menos enrevesada y más directa suele ser la más acertada.
La psicología moderna ha demostrado que demasiadas opciones generan fatiga mental. De hecho, diversos estudios apuntan a que la simplicidad ayuda a reducir la ansiedad de elegir.
Aquí es donde la navaja de Ockham se convierte en un atajo mental. En lugar de perderte entre detalles innecesarios, pones el foco en lo esencial.
Un ejemplo sencillo: si dudas entre dos dietas, elige aquella que puedas mantener a largo plazo sin complicaciones. O si estás entre dos propuestas de trabajo, valora lo que se adapte mejor a tu estilo de vida sin tener que forzar nada.
Este principio significa que siempre debas escoger lo más fácil, lo menos complejo. Como apuntan expertos en productividad, aplicar la navaja de Ockham no solo simplifica, sino también aumenta la confianza en la decisión tomada, porque elimina distracciones.
También puede ayudarnos a reducir la ansiedad y la parálisis por el análisis a tomar decisiones. Al centrarnos en lo esencial y eliminar lo superfluo, podemos actuar con mayor eficiencia. Sin embargo, debemos ser conscientes de que este principio no siempre garantiza la mejor decisión, ya que puede llevar a pasar por alto importantes detalles.
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