
Al revisar los mitos más comunes, expertos en obstetricia, nutrición, salud materna y divulgación científica coinciden en que todavía persisten creencias infundadas que afectan la manera en que las mujeres gestantes interpretan sus síntomas, se alimentan, se ejercitan o interactúan con su entorno. A pesar de los avances médicos y del conocimiento acumulado, muchas de estas ideas siguen presentes en conversaciones cotidianas, redes sociales e incluso entornos familiares.
Uno de los mitos más arraigados es la idea de que una mujer embarazada debe duplicar su ingesta de comida. Sin embargo, la evidencia indica que las necesidades energéticas aumentan muy poco y, únicamente, a partir del segundo trimestre, entre 300 y 500 calorías extra al día según cada caso. La clave está en priorizar alimentos ricos en nutrientes y no en aumentar excesivamente las cantidades. Comer en exceso puede derivar en un aumento de peso poco saludable o complicaciones como diabetes gestacional.
El ejercicio moderado, siempre con supervisión médica, es beneficioso durante el embarazo. Caminar, nadar o realizar yoga prenatal puede mejorar la circulación, el estado de ánimo y la calidad del sueño. La recomendación general es mantenerse activa dentro de los límites que marque el profesional de salud, especialmente si existen condiciones especiales o embarazos de alto riesgo.
Aunque un pequeño estudio sugirió cierta correlación, la acidez es principalmente consecuencia de los cambios hormonales que relajan los músculos del sistema digestivo. No existe evidencia concluyente de que este síntoma prediga la cantidad de cabello del bebé.
La evidencia muestra que el uso ocasional de tintes y esmaltes es seguro, especialmente a partir del segundo trimestre y en lugares bien ventilados. No existen pruebas sólidas de que estos productos afecten al desarrollo del bebé cuando se usan con moderación. Aún así, siempre se recomienda usar productos de buena calidad.
Un consumo moderado —unos 200 mg al día— se considera seguro para la mayoría de las embarazadas. La clave es no exceder esta cantidad, ya que niveles muy altos sí pueden asociarse con bajo peso al nacer o mayor riesgo de complicaciones.
Ni la forma ni la altura de la barriga son indicadores del sexo del bebé. Estos factores dependen de la posición de la placenta, la musculatura abdominal o si se trata de un primer embarazo. La única forma fiable de conocer el sexo es mediante ecografía o pruebas genéticas.
Mientras el embarazo transcurra con normalidad y el personal médico no indique lo contrario, mantener relaciones sexuales es seguro. El bebé está protegido dentro del útero y no existe evidencia de que las relaciones afecten negativamente al embarazo.
El mito proviene del riesgo de toxoplasmosis, pero no todos los gatos la transmiten. La prevención se basa en la higiene: evitar limpiar areneros sin protección, lavarse las manos y mantener revisiones veterinarias. El contacto con gatos no es peligroso si se siguen medidas básicas.