
«Me costó, me costó mucho», reconoce la cantante al recordar cómo gestionó el éxito. «Me costó tanto que casi casi me hice agorafóbica, me costaba mucho salir a la calle». Unas palabras que ponen nombre a una vivencia que, aunque no siempre llega a diagnosticarse, es más común de lo que parece.
Ana explica que su carácter jugó un papel clave en esa etapa: «Yo soy por naturaleza tímida y el hecho de tener gente, fotógrafos en la puerta de tu casa…». La exposición constante, la falta de intimidad y la presión mediática terminaron por alterar su día a día. Salir a la calle dejó de ser algo sencillo.
Además, la cantante contextualiza aquellos años, cuando empezaban a surgir grandes fenómenos pop dirigidos a un público muy joven. «Gestionar eso para los fans también era difícil», señala, aludiendo a una época en la que no existían los límites actuales entre vida pública y privada.
Todo ello tuvo consecuencias personales profundas: «Para mí fue complicado porque yo perdí amigos porque no quería salir. Yo quería estar en mi casa como antes, sin que nadie quisiera saber mucho más de mí de lo que yo quisiera contar«.
La agorafobia es un trastorno de ansiedad vinculado al miedo a salir de casa o a encontrarse en espacios donde la persona siente que no podrá escapar o pedir ayuda. Muchas personas reconocen sensaciones similares en momentos de estrés, presión o pérdida de control.
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