Verlo sobre los escenarios confunde los sentidos. Con una presencia magnética, una voz rota y miles de personas coreando cada una de sus canciones, cuesta pensar que Álvaro de Luna sintiese vergüenza subir a los escenarios y cantar ante un público. Detrás de esa imponente presencia de estrella del pop se esconde una realidad que sintió en sus principios en la música, y que el propio artista no tuvo reparo de confesar: en las distancias cortas, gana la timidez.
@santandersmusic✨ Álvaro de Luna ✨ nos cuenta cómo empezó a cantar, sus primeros pasos en los escenarios y alguna que otra anécdota que no sabías Échale un ojo a la entrevista completa en nuestra web♬ sonido original – santandersmusic
La timidez de los compositores no es un fenómeno nuevo, pero sigue resultando paradójica en una era dominada por la sobreexposición y las redes sociales. Álvaro de Luna, que ha encadenado himnos coreados en todo el país desde su época en Sinsinati hasta su consolidación en solitario, admitió que siempre ha sentido la llamada de la música y así lo decía. No obstante también se sinceraba sobre el miedo escénico que vino después: «Me daba pudor, pero vas cogiendo tablas y llega un punto donde ya no sientes vergüenza.
El artista explicaba como cuando cantaba en sus primeros shows se ponía gafas de sol para sentirse más tranquilo: «Me daba pánico mirar a la gente, sobre todo cuando piensas que nadie te hace caso. En esos momentos yo me ponía super, super nervioso«. Fue en ese momento cuando usar sus lentes de sol fue de gran ayuda: «Me los ponía y cerraba los ojos hasta que ya sentía como que todo el público se callaba y empezaba a escuchar».
Esa llamativa dualidad es algo que asombra incluso a su círculo más íntimo: “Mis amigos me dicen: “Eres uno encima del escenario y otro fuera”. Lejos de verlo como una contradicción, el artista reconoce que subirse a dar un concierto implica ponerse una especie de armadura invisible: “Sobre el escenario los cantantes interpretamos un personaje artístico. Hace poco escuchaba a Jaime Llorente diciendo que un actor tiene un personaje, y creo que los músicos también».
Afrontar el impacto de miles de personas coreando tus propias letras no es tarea fácil para alguien pudoroso. Sin embargo, Álvaro de Luna ha encontrado el truco definitivo para resetear su mente en pleno directo: el aislamiento absoluto. “Cuando canto, me aíslo. Es como una fiesta para mí”, confiesa.
«No he cantado canciones de otros porque no me he sentido nunca identificado. Para mí escribir es tranquilizador».
Este proceso de desnudarse emocionalmente a través de la música solo funciona si las cartas son suyas. Para el artista, el verdadero secreto de su seguridad en directo radica en la honestidad de sus composiciones. Álvaro tiene claro que la autenticidad no se puede negociar: “Creo que no todo el mundo conecta de forma natural con algo que no ha escrito. Mis historias son las que hacen que la gente conecte».
Una prueba más de que, a veces, los mejores refugios para la timidez se construyen con papel, boli y una guitarra.
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