
En pleno despliegue de su carrera internacional, la malagueña afronta una cita marcada en rojo en el calendario: «Es mi primera cita actuando en Premios Juventud». Se trata de una gala que este año desembarca por primera vez en España con Marbella como sede.
La cantante, que acumula dos nominaciones y prepara un show «muy intenso, atractivo visualmente», ejerce de anfitriona en su propia tierra recomendando a los de fuera disfrutar del clima y del «pescadito fresco», unas «gambitas al pil pil» o unas «coquinas».
Lejos de tratarse de un pequeño rincón urbano, se trata de una parcela donde cultiva verduras, árboles frutales y plantas varias como el tomillo, su infusión de cabecera por ser «un gran antinflamatorio» para la voz. Además, este hábito «verde» le permite cosechar alimentos de los que se siente profundamente orgullosa. Además presumió que todo lo que cultiva es «bio» y sin productos antinaturales. Una rutina relajante que demuestra que, a pesar de llenar recintos y estar nominada a premios de primer nivel, Ana Mena nunca pierde la sencillez de sus raíces.
En la música no todo son certezas, y la artista reconoce haber vivido en carne propia la incertidumbre del éxito. “Uno no tiene la garantía de nada y al final pasa que muchas veces tienes mucha fe a algo y luego de repente eso no cala”, admite al ser preguntada sobre si ha llegado a sufrir el síndrome del impostor. Curiosamente, una de las canciones que más dudas le generó acabó marcando un hito en su carrera: “Se iluminaba no lo tenía tan claro. Es una canción que sacamos en italiano y luego en español. Ni siquiera en la versión en italiano lo tenía tan claro. Y luego fue el éxito más grande de muchos años».
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