
La imagen encaja con una de las características más emblemáticas de sus directos. Durante los años de mayor éxito de la banda madrileña, la vocalista no permanecía sentada mientras interpretaba las canciones. Sus movimientos de brazos, los giros y su manera de recorrer el escenario formaban parte de una puesta en escena muy personal.
La propia cantante lo explicaba en el pódcast al recordar que se movía mucho sobre el escenario, era «bastante Mick Jagger» cuando actuaba. Una comparación que conecta a dos artistas que, cada uno desde su estilo, entendieron que cantar sobre un escenario también podía significar moverse, ocupar el espacio y hacer del propio cuerpo parte del espectáculo.
Además, matizaba que no sabía si realmente había llegado a perder los famosos cuatro kilos por concierto. La artista madrileña recuerda una época en la que los conciertos no solo exigían cantar. También implicaban horas de carretera, poco descanso y un ritmo de actuaciones difícil de imaginar hoy.
Ana explica que llegaron a hacer más de cien conciertos en verano y que, especialmente al principio, podían encadenar hasta tres actuaciones en un mismo día: una por la mañana, otra por la tarde y otra por la noche. Entre una ciudad y otra, el descanso tampoco estaba garantizado.
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