
En una entrevista a ‘El País’ en 2007, el malagueño reflexionó sobre la importancia de no ceder a cada capricho material, subrayando así su pensamiento: “No les doy cualquier cosa que pidan. No quiero que piensen que el mundo sólo está lleno de casas y coches bonitos”.
Para el actor resultaba fundamental que tanto la pequeña Stella como Dakota y Alexander – hijos de Melanie a los que también educó – comprendieran que el lujo de su entorno era una excepción y no la norma general. Convencido de que «el mundo no es Hollywood», Banderas decidió pasar de las palabras a la acción aprovechando sus rodajes internacionales en países como México o Argentina.
Durante esas estancias, el intérprete se encargó de llevar a los niños a conocer entornos vulnerables: «Les he llevado a México y Argentina cuando he estado rodando películas allí para que puedan ver lo que hay y han visto los barrios de chabolas». Esas experiencias buscaban confrontar el privilegio cotidiano con la realidad de millones de familias, fomentando en ellos una visión empática de la sociedad.
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Dentro de este esquema de disciplina y límites, Banderas no ocultó su satisfacción por los frutos que rendía esta crianza, especialmente al hablar del desempeño académico de su hija Stella, que por aquel entonces tenía 10 años.
«Mi niña, Stella, es una estudiante sobresaliente. No sé de dónde viene, porque ni su madre ni yo lo éramos», compartía con orgullo.
Además destacó la madurez y responsabilidad de la pequeña en su día a día, señalando que «juega con los demás niños pero cuando llega a casa del colegio, se sienta en su mesa y hace los deberes», una muestra clara de que el esfuerzo personal primaba ante todo.
Poner freno a los caprichos no buscaba restringir el cariño, sino enseñarles el verdadero calor del esfuerzo y evitar que la capacidad económica familiar se convirtiera en una solución inmediata a cualquier deseo.
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