
Aunque sus raíces están en Murcia, el intérprete lleva más de una década cruzando el Atlántico a la mínima oportunidad que se le presenta. La razón no es solo el clima o sus paisajes, sino al sólida historia de amor que comparte desde hace más de doce años con su pareja canaria. «Cuando le canto al amor siempre pienso en Canarias. Mi chico es canario y después de 12 años creo que es la mejor decisión que tomé en mi vida», ha llegado a reconocer el artista visiblemente emocionado.
La historia entre el exintegrante de Auryn y el archipiélago viene de muy lejos. Pisó las islas por primera vez con apenas 12 años, coincidiendo con sus inicios televisivos en Eurovision junior, pero nunca imaginó que aquel lugar terminaría adoptándole de forma tan entrañable.
Integrado totalmente en las tradiciones locales – hasta el punto de no perderse festejos emblemáticos como La Rama de Agaete (baile de miles de danzantes por las calles al ritmo de la música agitando ramas hasta llegar al santuario de la Virgen) -, el cantante se define entre risas y orgullo como un «murciano muy canario». Un arraigo que va de la mano con la cercanía que mantiene con la familia de su pareja, quienes no dudan en definirle como «un ángel» y un pilar fundamental en sus vidas, demostrando que para Blas, la verdadera familia también se elige y se cuida día a día.
«Blas ha sido como un ángel que nos ha llegado a casa», afirman con emoción.
A pesar de sus constantes viajes a Madrid por trabajo, el murciano pasa la mayor parte del tiempo en las islas, donde encuentra la calma necesaria para componer sus nuevos temas y probar sus canciones antes de que salgan a la luz.
«Uno de mis lugares favoritos es donde esté mi gente y, sobre todo, donde haya comida rica. Y donde hay comida rica es en Canarias», asegura entre risas. «Me siento un canario más y me siento muy afortunado de formar parte de la historia de esta tierra».
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