
Según explica la psicóloga María Luisa Ferrerós, este comportamiento forma parte del desarrollo natural de los adolescentes: «Es el momento de cortar el cordón umbilical con la familia y empezar a experimentar la libertad», y considera que este cambio responde a la necesidad de construir su propia identidad.
No obstante, el hecho de que un adolescente manifieste ese deseo de independencia no significa necesariamente que rechace compartir tiempo con sus padres. Por su parte, la psicopedagoga Laura Cerdán destaca que la relación familiar sigue siendo importante durante esta etapa: «Si existe un buen clima familiar, los planes compartidos siguen ofreciéndoles algo que continúan valorando, aunque no siempre lo expresen de forma abierta».
Las expertas recuerdan que esta forma de actuar no debe interpretarse como un problema, sino como una fase habitual del crecimiento. En este sentido, Cerdán insiste en que «conviene recordar que forma parte de su proceso evolutivo».
Respecto a cómo deben actuar los padres, la especialista recomienda evitar imponer este tipo de planes si el adolescente muestra un rechazo inicial, ya que podría resultar contraproducente a largo plazo. Aun así, también asegura que muchas veces la experiencia termina siendo positiva: «Aunque al principio protesten, muchas veces terminan adaptándose y disfrutando».
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