
La historia comienza en una fiesta. Entre ruido, conversaciones y música, Elena y Antonio se cruzan por primera vez. Se miran y ambos tienen la extraña sensación de que ese momento va a cambiar algo. Todavía no saben quién es el otro, ni pueden imaginar todo lo que vendrá después, pero existe la intuición de que algo importante está a punto de comenzar.
“Elena y Antonio” es, por tanto, el punto de partida de La vida adulta: trece capítulos después del “felices para siempre”.
El disco habla de amor y de familia, pero también de desencuentros, crianza, soledad, nostalgia y de todas esas pequeñas cosas que van cambiando con el tiempo, muchas veces sin que apenas nos demos cuenta.
Aunque el recorrido de Elena y Antonio sirve como hilo conductor, La vida adulta habla en realidad de mucho más que de ellos. Habla de nosotros: de las expectativas con las que llegamos a determinadas etapas de nuestra vida y de la distancia que puede existir entre aquello que imaginábamos y lo que finalmente sucede.
Habla de amar, de cuidar, de equivocarse, de volver a empezar las veces que haga falta. De crecer, de romperse y de intentar hacerlo lo mejor que sabemos.