
Lejos de quedarse dentro del marco romántico de las baladas y el pop de la época, la canción se adentraba en un territorio poco explorado hasta entonces: el esoterismo, la espiritualidad y la mitología, todo envuelto en una estética llamativa.
Alaska decidió desafiar, casi literalmente, al más allá. Y lo hizo en un momento clave, cuando la Movida madrileña experimentaba con nuevas identidades artísticas, sonidos sacados fuera de lo común y letras que rompían con los tabúes habituales.
La Isis a la que alude la canción no tiene relación alguna con la interpretación que se le da hoy en día al término, sino que se refiere a la diosa egipcia, símbolo de la maternidad, la magia y la protección. En la mitología del Antiguo Egipto, Isis era la gran madre, protectora y sanadora, capaz de devolver la vida a Osiris y guiar a las almas en su tránsito habitual.
Esa idea de gran madre conecta directamente con la vocalista de la banda como una de las figuras más destacadas de la Movida madrileña, así como con el tono del tema. Habla de una conciencia alterada y de viajes astrales, conceptos muy presentes en ciertas corrientes espirituales de los 80.
Versos como «Mi karma se altera. Nirvana fatal. El hilo se afloja cuando. Comienza mi viaje astral. Litigio sideral» reflejan una pérdida deliberada del control racional de la propia persona. El «hilo» que se afloja puede interpretarse como el lazo entre el cuerpo y e alma, mientras que «litigio sideral» sugiere ese conflicto cósmico, casi judicial y que te replantea la existencia.