
Para el exlíder de El Canto del Loco, este arte es una compañera fiel en los duelos y una herramienta capaz de borrar el dolor o devolvernos a lugares donde fuimos realmente felices. En sus propias palabras, las letras nos ayudan a recordar olores, besos y caricias de personas que ya no están, generando una complicidad única entre desconocidos que se reúnen en un recinto para vibrar bajo una misma sintonía.
Lo más sorprendente de su mensaje ha sido la revelación de su vocación más temprana. Dani Martín ha recordado con cariño una conversación con su madre: «Mi primer sueño de pequeñito era ser payaso y creo que lo he conseguido con creces». Con el máximo respeto hacia ese oficio que tanto admira, el cantante se siente como ese «payaso» que comparte todas sus emociones desde las tablas, logrando ser aquello que proyectó cuando solo era un niño.
Esta faceta de «payaso que canta» es la que le permite ser ese motor de risas, lágrimas y felicidad para miles de personas. Barcelona, una ciudad que define como una parte muy especial de su vida y llena de amigos que le cuidan, ha sido el escenario reciente donde ha vuelto a sentir que su sueño se ha cumplido. Para el madrileño, la vida es precisamente eso: empatizar, sufrir y reír a través de las canciones.
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