
La artista ha explicado que tiene dos restaurantes de referencia en la localidad gaditana, ambos muy ligados a su vida actual, pero también a su pasado: «Tengo dos sitios en Algeciras, el Bernardo, que está en la playa del Rinconcillo, y La Esquinita. Si como en La Esquinita, luego ceno en el Bernardo; si como en el Bernardo, ceno en La Esquinita«, comentaba entre risas, dejando claro el fuerte arraigo que siente por ambos lugares.
Visitar esos lugares hacía que recordara la niña que fue, un sentimiento que ahora puede ver a través de su pequeña: «El Bernardo es de mi infancia, de toda la vida, donde me encanta ir, sentarme y ver a mi hija».
Y aprovechando este viaje al pasado a través de la cocina, la madrileña también reflexionaba sobre cómo han cambiado las relaciones sociales con el paso del tiempo, señalando así que antes se vivían los encuentros con mayor naturalidad, sin la presencia constante de móviles ni grabaciones: «Antes las cosas eran diferentes. Ahora todo se estropea un poco, porque todo el mundo saca el móvil y se pone a grabar. Eso rompe la esencia de los momentos».
En este sentido, apelaba con gran nostalgia a su infancia, evocando esas reuniones familiares en las que todo fluía de forma espontánea: «Estabas terminando de comer y ya venía gente, se sentaba, empezaba el compás… pasaban cosas reales, y todo el mundo estaba tranquilo, viviendo el momento«.
Pero sin duda, uno de los momentos más emotivos de la charla llegaba al mencionar a su tío Paco de Lucía, de quien aseguraba que, además de ser un referente en la música, también destacaba en el ámbito culinario: «Mi tío Paco cocinaba, sí, y le gustaba mucho cocinar. Era muy cocinitas. Le encantaban los boquerones de mi madre: hazme boquerones fritos y puchero (decía). Qué bonito recuerdo. Mi madre siempre freía muy bien el pescado y a mi tío le encantaba«.
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