
Detrás de las expresiones que repetimos a diario en nuestras conversaciones se esconden secretos fascinantes. Sin darnos cuenta, nuestro vocabulario habitual conserva vivas antiguas trampas de tahúres y célebres jugadas de naipes. De la mano del divulgador Alfred López, en Cadena Dial descubrimos la historia que ocultan algunas frases que usas continuamente sin saber que nacieron alrededor de una baraja de cartas.
Cuando decimos que un plan o un plato «tiene buena pinta», estamos celebrando que promete ser estupendo. Pero, ¿qué es exactamente esa «pinta»? Su origen está en la baraja española. Antiguamente, los naipes llevaban una pequeña línea marcada en el borde (discontinua, doble o continua según el palo) llamada «pinta«. Esto permitía a los jugadores entrever el palo de la carta sin tener que desplegarla por completo. Si la línea presagiaba un buen naipe, la mano «tenía buena pinta».
Es la táctica reina del póker y de la vida misma: aparentar una seguridad aplastante cuando, en realidad, no se tiene nada en la mano. La palabra proviene de la idea de «deslumbrar» o encandilar al adversario con un potente farol para que no pueda ver la jugada real, se asuste y abandone la mesa creyendo que tienes las de ganar.
Decimos que algo «da el pego» cuando cuela una apariencia falsa haciéndola pasar por auténtica. Este dicho proviene directamente de las triquiñuelas de los trampistas en las partidas de cartas. Utilizaban cera o sustancias pegajosas para unir dos naipes y moverlos juntos disimuladamente sin que nadie se percatase. Si la treta salía bien y nadie descubría el truco, el engaño había «dado el pego».
Es una de las frases por excelencia cuando alguien decide apostarlo todo a una sola carta o lanzar un ultimátum. La locución nace directamente del mus, un juego de cartas con arraigadas raíces vascas. La expresión procede del euskera hor dago, que significa literalmente «ahí está». Al lanzar un órdago, la partida entera se decide en ese lance si el contrario acepta.
Utilizada de forma informal para indicar que nos han colado un engaño o un perjuicio sin que nos diéramos cuenta, esta frase tiene un recorrido histórico. Su origen se vincula a ‘El hombre’, un popular juego de naipes de los siglos XVI y XVII. En él, «meterla doblada» hacía referencia al lance en el que un jugador lograba doblar lo apostado sacando una ventaja aplastante y dejando al rival con el marcador en desventaja antes de reaccionar.
MÁS SOBRE: