
Con una infancia humilde, el cantante contaba que su madre, muy ocupada, estuvo buscando extracurriculares para apuntar a sus dos hijos. La actividad que decidió la madre para Alejandro y su hermano fue kárate, al lado de su casa. “España se ha perdido un gran karateca” es lo que decía Sanz bromeando.
Sin embargo, el destino decidió otro rumbo para el cantante. El toparse con la academia de kárate cerrada al llegar hizo que la madre decidiese apuntarlo a clases de guitarra; el centro contiguo a la academia de kárate. Sin duda da miedo pensar en la fuerza del destino y de cómo la vida te organiza las cosas de una forma diferente a lo que imaginabas.
En esa academia fue donde utilizó por primera vez “la abuela”, su primera y tan querida guitarra. Fue ese día cuando comenzó una relación que acabaría siendo muy larga y que nos daría grandes regalos: “Es la mejor guitarra del mundo… esa guitarra ha escrito Mi Soledad y Yo, Corazón partío, La fuerza del corazón, Y Si Fuera Ella…”.
Desde ese día, comenzó con la pasión que comenzaría a compartir con su padre, la música. Una pasión que le ha llevado a ser uno de los cantantes más exitosos de la industria española. Había crecido toda su vida rodeado de música, pero ahora pasaría a crear la suya propia.
MÁS SOBRE: