
La experta en desarrollo infantil Jacqueline Harding asegura que «hacer reír a niños y niñas puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas». Según la especialista, la esperanza y el humor no son únicamente un complemento de la vida cotidiana, sino una base clave para un crecimiento saludable.
«Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción: aprendiendo, conectando y creciendo», afirma Harding, quien pone en valor la importancia de generar ambientes positivos dentro y fuera de las aulas.
También advierte de que las emociones durante la infancia tienen un impacto duradero en el cerebro: «Las primeras experiencias emocionales quedan grabadas en la estructura cerebral. En pocas palabras, el estado emocional de los niños pequeños influye directamente en cómo se desenvuelven en el mundo».
Y en este contexto, defiende que el sistema educativo debe priorizar el bienestar emocional y las relaciones seguras por encima de la presión académica: «El currículo nunca debe priorizarse sobre las relaciones seguras y los entornos de juego sin estrés».