
Aunque pueda sonar dramático, el término no hace referencia a una caja llena de problemas, sino a ese cajón, cesta o recipiente donde vamos dejando todo aquello que no sabemos exactamente dónde guardar. Es una solución rápida que nos ayuda a despejar la casa en el momento, pero que suele convertirse en un pequeño caos con el paso del tiempo.
La expresión nace de la unión de doom (fatalidad o desastre) y box (caja). Su significado refleja perfectamente esa sensación que aparece cuando decides abrirla semanas o incluso meses después y descubres un auténtico rompecabezas de objetos olvidados.
Lo curioso es que los expertos en organización explican que crear una doom box no siempre es algo negativo. En determinados momentos puede servir como una herramienta temporal para evitar el desorden visual o para ordenar con más calma otro día. El problema llega cuando esa caja deja de ser provisional y se convierte en un almacén permanente del «ya lo miraré».
En los últimos meses, miles de usuarios han compartido en redes sociales el contenido de sus propias doom box, demostrando que casi todos acumulamos pequeños objetos que nos cuesta clasificar. Algunos incluso confiesan tener más de una repartida por distintas habitaciones.