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El gesto cotidiano que los padres hacen al llegar a casa y que marca el cerebro de los niños, según la neurociencia

Un neuroeducador advierte sobre el peligro de que la pantalla se convierta en la niñera digital habitual

Veronica Orcajo

El comportamiento de los más jóvenes dentro de casa suele ser el reflejo directo de las dinámicas familiares diarias, en resumidas cuentas, de lo que ven en el hogar. El prestigioso especialista en neuroeducación David Bueno ha puesto el foco sobre un hábito muy común entre los adultos que, a menudo de forma inconsciente, condiciona profundamente el desarrollo y las costumbres de los niños: la gestión de nuestro propio tiempo libre frente a las pantallas. 

Un ejemplo inconsciente que define el comportamiento de los niños

El experto señala que el aprendizaje en la infancia se basa principalmente en la imitación de los referentes más cercanos. Según explica, si un menor observa que la primera acción de sus progenitores es cruzar la puerta de casa tras la jornada laboral es encender la televisión o sumergirse de inmediato en la pantalla del móvil, integrará de manera natural que esa es la vía principal de escape, ocio y relajación. 

Esta pauta automatizada transmite un mensaje silencioso pero muy potente. Al normalizar el uso de dispositivos digitales como la única respuesta al cansancio o al aburrimiento, resulta contradictorio e ineficaz exigir posteriormente a los hijos que limiten su consumo tecnológico o que prioricen otras actividades como la lectura, el juego creativo o el estudio. 

Lo que está claro es que el movimiento, el juego libre, la exploración táctil y la interacción emocional con otros niños y adultos son experiencias irremplazables.

Hacia una desconexión consciente en el entorno familiar

La propuesta de David Bueno no pasa por una desconexión total de la  tecnología, sino por promover una autorregulación consciente por parte de los adultos. La solución que ofrece no es prohibir sino educar de manera que las pantallas se introduzcan de forma gradual, siempre como complemento y no como sustituto del juego real. Este recalca la importancia de ofrecer alternativas saludables de manera activa; gestos tales como empezar una conversación, compartir un rato de lectura o realizar actividades conjuntas sin una pantalla de por medio. “El problema es cuando la pantalla se convierte en la niñera digital habitual”, lanzaba Bueno. 

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