
De esta forma, se aborda una cuestión que afecta a los trabajadores, y es que muchos espacios están climatizados tomando como referencia el traje masculino, obviando la vestimenta habitual de las mujeres durante los meses de verano.
Según la investigadora Agne Kajackaite, «existe una gran cantidad de evidencia que muestra que las mujeres prefieren temperaturas más altas, e incluso hay artículos que sostienen que la temperatura habitual de las oficinas es sexista«.
En la misma línea, Asensio López, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, explica: «El cuerpo de un hombre funciona más bien como un radiador que constantemente irradia calor hacia afuera, mientras que el cuerpo de una mujer actúa como un termo de alta eficiencia: atrapa el calor en su interior para proteger los órganos vitales, pero deja la cubierta exterior (la piel y las extremidades) mucho más fría».
Más allá de la diferencia biológica, el debate también abre otra cuestión, ¿hasta qué punto sigue siendo necesario que hombres y mujeres mantengan códigos de vestimenta tan distintos para trabajar en un mismo entorno?. Encontrar un equilibrio que no perjudique a ninguna de las partes parece ser el objetivo.