
La última aparición de Jenna Ortega debería haber generado otro tipo de conversación sobre Hollywood, su extensa trayectoria desde pequeña ante los focos o sobre el éxito que ha conseguido en estos últimos años. Sin embargo, su última aparición ha provocado cientos de miles de comentarios por su extrema delgadez.
En el vídeo de ‘How I Got Here’, de su entrevista para ‘Esquire’, publicada hace unos días, la actriz repasó algunos episodios de sus primeros años como actriz infantil y explicó hasta qué punto se tomaba su trabajo en serio.
Una de sus confesiones resulta especialmente reveladora a la luz del debate que se ha generado ahora, cuando recordó que, de niña, estaba tan obsesionada con no molestar a nadie en un rodaje que podía pasar el día entero sin pedir siquiera agua o comida.
«No quería estar en medio de nadie», subrayó al recordar aquellos inicios. Con la perspectiva que da el tiempo, la propia intérprete, que puede presumir de tener una de las trayectorias más aclamadas por la crítica con tan solo 23 años, reconoció que quizá aquel miedo por incomodar tuvo un precio, reflexionando que quizá no estaba cuidándose a sí misma.
Esta confesión, aparentemente anecdótica dentro de una extensa conversación sobre su trayectoria, ha adquirido una dimensión distinta después de que numerosos usuarios de redes sociales reparasen en su aspecto y manifestasen su inquietud.
En un debate que se repite cada año, algunos aseguraron haberla visto notablemente más delgada y expresaron su temor ante lo que consideran una imagen ‘poco saludable’, mientras que otros rogaron dejar de asumir que una delgadez extrema es necesariamente normal por el simple hecho de tratarse de una celebridad.
Esta cuestión es la que hay que detenerse, ya que no existe confirmación alguna de que Ortega padezca un trastorno alimentario, tenga un problema de salud o haya seguido un determinado tratamiento para perder peso; y tampoco la actriz ha respondido públicamente a las especulaciones.
En un Hollywood que en los últimos años aparentaba haber avanzado hacia una representación más diversa de los cuerpos, el regreso de una estética de extrema delgadez ha despertado inquietud entre espectadores y profesionales de la industria: Demi Moore, Alexa Demie, Ariana Grande, Emma Stone, Cynthia Erivo y, ahora, Jenna Ortega.
Los usuarios en redes sociales han comenzado a preguntarse si el denominado ‘heroin chic’ o las publicaciones ‘thinspo’ han vuelto a imponerse como canon, justo cuando los medicamentos para adelgazar han adquirido una presencia extraordinaria en la conversación pública.
Durante años se ha pedido al público que deje de opinar sobre el cuerpo de las mujeres famosas, que no convierta cada cambio de peso en noticia y que entienda que una actriz no está obligada a justificar su talla, su alimentación ni su estado físico.
En el caso de Jenna, además, existe un elemento especialmente relevante: sus declaraciones sobre la infancia. La actriz describió a una niña que quería hacerlo todo bien, que no quería causar problemas y que estaba dispuesta a ignorar necesidades tan básicas como comer o beber con tal de demostrar su compromiso profesional.
«Estaba tan agradecida y tan emocionada de estar allí que tenía mi mejor cara de concentración. Ni siquiera pedía un sorbo de agua. Podía pasarme todo el día sin comer, ni beber, ni nada, porque deseaba con todas mis fuerzas no estorbar a nadie; quizás ese fue mi error, no cuidar realmente de mí misma», han sido sus palabras exactas al respecto.
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