
Según un estudio del Mass General Brigham y el Rush University Medical Center (ambos en Estados Unidos), no solo importa dormir, sino cuánto y cuándo se hace. Este ha sido publicado en JAMA Network Open y ha analizado la relación entre las siestas y el estado físico.
Los datos apuntan a que las siestas prolongadas o repetidas a lo largo del día podrían estar asociadas a un mayor riesgo de mortalidad. En concreto, se ha observado que aquellas personas que duermen durante periodos largos fuera del descanso nocturno presentan más probabilidades de sufrir problemas de salud.
Los expertos coinciden en que una siesta corta, de entre 20 y 30 minutos, puede ser beneficiosa. El problema aparece cuando ese descanso se alarga más de la cuenta o se convierte en algo habitual varias veces al día.
Dormir más de una hora durante el día, especialmente por la mañana, podría estar relacionado con enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo o una peor salud general. No se trata de una causa directa, pero sí de un indicador que merece atención.
En este sentido, los investigadores advierten que las siestas excesivas podrían ser un reflejo de otros problemas subyacentes, como trastornos del sueño, fatiga crónica o enfermedades no diagnosticadas.
Especialmente en personas mayores, dormir en exceso durante el día podría estar vinculado a un deterioro progresivo de la salud. Algunos análisis han encontrado una relación entre estas siestas largas y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades o de empeorar condiciones ya existentes.
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