
Un año más, el verano se topa con su peor pesadilla. Lejos de desaparecer, el denominado ‘reto marrón’ ha vuelto con fuerza a las piscinas de gran parte de España, dejando a usuarios sin su chapuzón y desatando la indignación vecinal. Esta nueva moda en redes sociales consiste en defecar dentro del agua con una única meta: forzar el cierre inmediato de las instalaciones, grabándolo para ganar repercusión en redes sociales.
Esta escena tan desagradable se ha vuelto a producir este verano en municipios de Galicia, la Comunidad Valenciana, Madrid, Andalucía, La Rioja, Cantabria o Castilla-La Mancha e incluso algunas piscinas se han visto obligadas a echar el cierre en varias ocasiones en lo que llevamos de temporada.
En este sentido, hay quienes lo hacen a escondidas, mientras que otros, en cambio, se traen los excrementos guardados desde sus casas para depositarlos posteriormente en el agua.
Un verano que vuelve a demostrar que las ganas de hacer daño no tienen fin, ya que limpiar una piscina contaminada no es cuestión de horas. La normativa sanitaria exige desalojar a los bañistas y realizar una hipercloración exhaustiva, un proceso que puede precintar el recinto entre uno y dos días.
Además, capturar a los responsables resulta imposible para los encargados: «Es muy difícil cogerlos, no podemos poner cámaras dentro del recinto ni exigir el DNI en la entrada».
Detrás de estas conductas tan rebeldes, la psicología apunta al brutal «efecto arrastre» de las plataformas digitales, donde la búsqueda de popularidad provoca un interés en cualquier conducta por muy destructiva que sea.
Ante la impunidad con la que actúan estos usuarios, las autoridades municipales han decidido endurecer la respuesta. Quien sea pillado no solo afrontará la expulsión inmediata de las instalaciones y el veto de entrada al recinto durante años, sino que se expone a multas administrativas por faltas graves que pueden alcanzar los 20.000 euros. Un precio muy alto a cambio de unos segundos de gloria en una pantalla.
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