
Mientras el programa abordaba el mediático caso de una funeraria de Valladolid, acusada de cambiar féretros antes de las incineraciones, una mujer del público mostraba un gesto de angustia más que evidente.
Uno de los afectados, Manuel Monterde, compartía su duro testimonio sobre la supuesta estafa que se ha producido en Castilla y León.
Sin embargo, el tema abordado resultó ser demasiado impactante para una de las personas que asistía al plató para disfrutar de la tarde entre cámaras.
Emma, al notar la incomodidad de la espectadora, se acercó con el micrófono para preguntarle sobre su estado de salud. «Me he preocupado al verte mirar hacia abajo, tan concentrada», explicaba con cercanía.
Fue en ese preciso instante cuando la mujer le confesó con total sinceridad su miedo extremo a todo lo relacionado con la muerte y los sitios claustrofóbicos.
La mujer explicó que, tras perder a su marido hace dos años, no ha sido capaz de superar este miedo, llegando incluso a necesitar ayuda psicológica profesional. «Si sé que van a hablar de esto, no vengo», admitía ante las cámaras.
La periodista no dudo ni un segundo en empatizar con ella, confesando que ella misma siente mucho respeto ante situaciones similares en los tanatorios.
A pesar de que se hizo de todo para intentar calmar a la señora, sus nervios no desaparecían. Por tanto, se decidió que lo mejor para el bienestar de la espectadora era que abandonase el plató para dar un paseo por las instalaciones de Mediaset y desconectar de la tensión acumulada.
«Llevadla por Telecinco a dar una vuelta y que entre más tarde», pidió la comunicadora a sus compañeros de producción con un tono de voz protector.
En conclusión,momentos así nos recuerdan que por encima del espectáculo, las audiencias y los focos, el respeto hacia los demás siempre debe estar el primero en la lista.
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