
No todos los mensajes transmiten bien una emoción por escrito. Un «perfecto» puede sonar entusiasmado, serio o incluso irónico dependiendo del contexto. Ahí es donde entran los stickers, que añaden gestos, humor y expresividad a una conversación en la que no podemos ver la cara de la otra persona.
Tenemos el sticker para celebrar una buena noticia, el que enviamos cuando no sabemos qué contestar, el dramático para exagerar cualquier problema o aquel que utilizamos para terminar una discusión con humor, incluso pueden funcionar como una pequeña seña de identidad. Nuestra colección dice bastante sobre el tipo de humor que compartimos, nuestras referencias o las personas con las que hablamos habitualmente.
Lo más curioso ocurre en los grupos de amigos, cuando una fotografía aparentemente absurda puede no significar nada para cualquiera que la vea desde fuera y, sin embargo, provocar inmediatamente las risas de todos los integrantes del chat.
Esto sucede porque una parte importante de nuestra comunicación depende del contexto compartido. Bromas internas, viajes, noches de fiesta, anécdotas o expresiones habituales terminan convertidas en stickers cuyo significado va mucho más allá de la propia imagen.
Por eso, lejos de ser únicamente un complemento divertido, estas pegatinas han ampliado nuestra manera de hablar por mensajes. Y quizá la prueba definitiva sea bastante sencilla, hay conversaciones en las que sabemos exactamente qué nos quiere decir alguien sin que haya escrito una sola palabra.
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