
Aunque numerosos expertos coinciden en que esta práctica puede aportar importantes beneficios educativos, también advierten de que una mala gestión puede suponer riesgos en su aprendizaje.
La psicóloga Montserrat Díaz explica que «dar paga a los niños en verano puede ser recomendable si se utiliza como una herramienta educativa y no solo como una entrega de dinero».
No obstante, insiste en que la forma de entregar ese dinero es clave para que cumpla su función educativa: «Es importante que la cantidad asignada sea siempre la misma, que no esté vinculada a tareas básicas del hogar ni se use como premio o castigo. De esta manera aprenden el valor del dinero y la importancia de la responsabilidad para administrarlo bien».
Y advierte del riesgo de convertir la paga en una recompensa por las obligaciones cotidianas: «El secreto está en separar radicalmente la paga de las obligaciones básicas. No se debe pagar a un niño por hacer su cama, recoger la mesa o lavarse los dientes. Son labores que requieren motivación intrínseca y forman parte del ecosistema familiar».
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