
El 31 de enero de 2007 nació Kike Osborne, el primer hijo fruto de la pareja de Fabiola Martínez y Bertín Osborne. La pareja había dado el “sí quiero” meses antes, en junio de 2006, tras cinco años de relación. Fue un embarazo que iba por buen camino, hasta que sufrió una complicación. La venezolana comió una bacteria que «le provocó a él una septicemia y me sentí muy culpable», comentaba Fabiola en su paso por el podcast de Tania Llasera. Antes de descubrir los daños que padecería el bebé, el cual nació con dos hidrocefalias y un daño cerebral severo, la expareja de Bertín tuvo unos síntomas que el médico pasó por alto.
En su entrevista en ‘Hoy Tengo Gine’, Fabiola contaba que tenía la tensión descompensada y notaba una “fiebre interna” en un punto de su embarazo. Confesaba que tiritaba por las noches, llamaba al médico y le contaba cómo se sentía, pero este le decía que no se preocupase. «Restaba importancia a todo. No me veía. Cuando me ve es porque tengo una revisión rutinaria que me iban a hacer la ecografía 3D, de 29 semanas; era para ver a quién se parecía el bebé», recuerda sobre ese punto de su embarazo tan decisivo.
La venezolana sintió una contracción mientras le hacían la ecografía, algo que no había notado hasta entonces. Ella pensó que el bebé se estaba moviendo, ya que era sin dolor y no sabía lo que era. «Haciendo la eco vio algo, me dijo que un poquito de líquido en la vesícula del bebé. Me dijo que tranquila, que estaba todo bien. Me dijo que lo de las contracciones era normal. Me mandó a mi casa. Ese mismo día, a las 12, le llamo y le digo que seguía con contracciones continuas que me dolían y me mandó una pastilla para pararlas. A las 3 de la mañana, cuando se me pasa el efecto de la pastilla, me levanto con dolor y estaba sangrando. Ahí es cuando me dijo que fuera», detallaba.
Finalmente, Kike Osborne nació de forma prematura y «con todos los órganos afectados». «Es la consecuencia de un montón de fallos multiorgánicos. Él tenía el hígado, los riñones, los pulmones prematuros. La piel con erupción por la infección. Hasta que le estabilizan la vida probando antibióticos que dieran resultados y pararan la infección, pasó un mes y pico. Cuando estabilizan eso, dicen ahora a ver qué daño ha quedado. Dos hidrocefalias, daño cerebral severo y todo lo que eso conlleva. Los primeros años, mucha estimulación y mucha terapia, pero bueno, el daño está ahí», ha explicado su madre sobre la enfermedad de Kike, que actualmente tiene 19 años.
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