Iker Casillas fue ingresado de urgencia en 2019 en CUF Porto Hospital tras sufrir un “infarto agudo de miocardio” durante uno de sus entrenamientos con su equipo de por aquel entonces, el Oporto. El equipo portugués lanzó un comunicado en el que aseguraban que el exjugador del Real Madrid estaba “bien, estable y con el problema resuelto”.
El médico del Oporto, Nelson Pulga, señaló que Iker Casillas iba a estar “perfectamente recuperado”; sin embargo, es el propio jugador el que asegura, siete años más tarde, que ese infarto le ocasionó secuelas bastante importantes, como no poder moverse con la misma facilidad que antes de sufrirlo. Por ello, el exfutbolista exige a la entidad el pago de 3,7 millones de euros.
Casillas explicó en el Juzgado Laboral de Oporto que su vida se vio completamente afectada por lo ocurrido, tanto que todavía sufre secuelas importantes, como que ya no puede correr más de 20 o 50 metros.
Según el diario ‘Público’, Iker desarrolló el largo proceso de recuperación que tuvo que afrontar tras ese susto: tuvo que esperar siete meses para empezar a recuperar el control de su vida. Sus primeros días fueron de reposo absoluto; poco a poco pasó a dar paseos largos con mínimo esfuerzo y terminó dependiente de una larga lista de medicamentos diarios para reducir el riesgo de futuras complicaciones.
La batalla legal comenzó en octubre de 2021, después de que la empresa de seguros Fidelidade y el FC Porto dictaminaran que no existe ninguna prueba de que el esfuerzo físico que realizó durante el entrenamiento en Olival fuera la causa directa del problema cardíaco que puso fin a la carrera del exfutbolista y exportero del Real Madrid.
Aquel día comenzó como uno completamente normal para Casillas: dejó a sus hijos en el colegio, se fue a entrenar, desayunó y fue al gimnasio un rato. Tras 30 minutos de ejercicio, sobre las 11 de la mañana, sintió una fuerte presión en el pecho que le obligó a parar con el entrenamiento. “No pude continuar entrenando y tuve que tumbarme”, explicó el exfutbolista en el juzgado.
El director del equipo del Oporto, Nelson Puga, acudió rápidamente a socorrerle y luego le acompañó en el traslado a la unidad hospitalaria CUF de Oporto: “Tenía miedo, me costaba respirar”, confesó.
El médico explica que la aseguradora Fidelidade ya ha transferido 1,5 millones de euros al deportista, la cantidad máxima otorgada por accidentes laborales, mientras que el FC Porto ha abonado por su parte más de 1 millón de euros en salarios durante su periodo de inactividad, por lo que ambas entidades se niegan a pagar más.
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