La cuesta de septiembre llega cargada de nuevos gastos. Después de las vacaciones toca recuperar rutinas, afrontar la vuelta al cole en muchos hogares y volver a organizar las cuentas. Y entre todos esos desembolsos es imposible de esquivar la cesta de la compra. Ahorrar en el supermercado, sin embargo, no tiene por qué significar llenar la nevera con productos peores ni renunciar a comer bien.
Planificar antes de entrar al supermercado
Uno de los gestos más sencillos empieza incluso antes de salir de casa: mirar qué tenemos en la nevera, el congelador y la despensa. A partir de ahí podemos pensar varios platos para la semana y preparar una lista con aquello que realmente necesitamos.
getty
Planificar un menú también permite utilizar un mismo ingrediente en diferentes recetas y reducir los alimentos que terminan olvidados hasta que ya es demasiado tarde. Otra opción es cocinar varias raciones de una vez y congelarlas. Además de facilitarnos la semana, puede evitar esos días en los que, por falta de tiempo, acabamos recurriendo a alternativas más caras.
También conviene prestar atención a los productos de temporada. Septiembre es un mes de transición especialmente interesante en el que todavía podemos encontrar alimentos propios del verano, mientras empiezan a llegar otros de los meses más otoñales.
Ahorrar también está en lo que no tiramos
Comprar barato sirve de poco si después una parte termina en la basura. Aprovechar unas verduras para una crema, congelar el pan antes de que se ponga duro o convertir las sobras de una comida en otro plato puede ayudarnos a sacar más partido a cada euro gastado.
Por otra parte, el último estudio anual publicado por OCU calculó que escoger establecimientos con precios más bajos podía suponer un ahorro medio de 1.132 euros al año para una misma cesta, aunque la diferencia varía considerablemente según la ciudad.
Loading ...
La clave para afrontar la cuesta de septiembre en el supermercado, por tanto, puede estar menos en renunciar y más en organizarnos comprando lo necesario, aprovechándolo hasta el final y así consiguiendo que nuestra cesta dé un poco más de sí.