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La guitarra, la relación de amor-odio que acompaña a Álvaro de Luna desde la adolescencia

El artista recuerda cómo un verano fue decisivo para cambiar su vinculación con el instrumento

Alba García-Fogeda
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Álvaro de Luna
Álvaro de Luna no siempre tuvo una historia idílica con la guitarra. Aunque hoy en día resulta difícil imaginar algunas de sus canciones sin el sonido de este instrumento, el cantante ha confesado recientemente que su relación con ella empezó, curiosamente, desde el rechazo. Una confesión sincera que compartió en Xperience CaixaBank, donde habló abiertamente de su evolución musical y personal con el instrumento.

El artista explicó que su primer contacto con la guitarra llegó siendo muy pequeño, cuando apenas tenía nueve años. Apuntado a clases de guitarra flamenca, un estilo que apasionaba a su madre, Álvaro se encontró con un método de aprendizaje que no encajaba con su forma de ser.

«Siempre he sido hiperactivo», reconocía, y aquellas clases, demasiado técnicas y poco didácticas para un niño inquieto, acabaron alejándolo del instrumento. «El método era aprender de repente arpegios y solos. Era muy complicado«, explicaba, llevándole a rechazar las clases.

El verano que lo cambió todo para Álvaro de Luna

Sin embargo, fue a los 16 cuando la historia dio un giro inesperado. Un verano rodeado de amigos, canciones y noches compartidas marcó un antes y un después. El cantante procedente de Sevilla ya escribía poesía, le gustaba cantar y, casi sin darse cuenta, empezó a aprender a tocar la guitarra de una forma natural, sin imposiciones ni presión académica.

«Pasábamos las tardes y las noches cantando todo el verano», recordaba. Aquella experiencia colectiva y espontánea convirtió lo que antes había sido frustración en pura pasión.

Desde entonces, la guitarra no solo se convirtió en una herramienta, sino en una extensión de su música. Canciones como Juramento eterno de sal o Todo contigo son un claro ejemplo de cómo este instrumento aporta cercanía, intimidad y verdad a su sonido. Refuerza así esas letras que conectan directamente con su público.

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Hoy, con 30 años y una carrera ya consolidada, Álvaro de Luna mira hacia atrás y agradece ese verano que cambió la relación con uno de los instrumentos fundamentales de su música.
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