
A este escenario se suma un enemigo muy peligroso al volante: la niebla. Un fenómeno frecuente cuando coinciden humedad, lluvia continuada y bajada de temperaturas, y que reduce drásticamente la visibilidad, aumentando el riesgo de accidente si no se conduce con especial precaución.
Desde la Dirección General de Tráfico (DGT) recuerdan que conducir con niebla no es igual que hacerlo con lluvia ligera. No se trata solo de ver menos, sino de que los tiempos de reacción aumentan y la percepción de la velocidad se distorsiona. Por eso, uno de los errores más habituales es circular demasiado rápido creyendo que se mantiene el control del vehículo.
Uno de los consejos fundamentales es adaptar la velocidad a la visibilidad real, no a la permitida por la vía. Si apenas se distingue lo que hay unos metros más adelante, es imprescindible reducir la marcha, aunque la carretera permita ir más rápido.
Para evitar accidentes, los expertos recuerdan la conocida regla de las 3V: ver, ser visto y vencer la impaciencia. Señalizar bien, evitar adelantamientos innecesarios y mantener la calma es clave en estas situaciones. La DGT insiste también en aumentar la distancia de seguridad, especialmente con el asfalto mojado. La lluvia alarga la frenada y cualquier imprevisto puede acabar en colisión si no se deja espacio suficiente con el vehículo de delante.