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Las lecciones de vida que nos dejan los viajes de Aitana y Abraham Mateo al ritmo de la mejor música

Aprovechando las reflexiones a bordo de estos dos artistas, analizamos cómo el lenguaje del aire se conecta con tus canciones favoritas

Veronica Orcajo
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Aitana y Abraham Mateo

Hay algo casi mágico en el momento en que las ruedas de un avión despegan del suelo. A 10.000 metros de altura, con el teléfono en modo avión y la mirada fija en un mar de nubes, el ruido cotidiano se apaga y la música de artistas como Aitana, Manuel Carrasco o Alejandro Sanz, cobra un sentido distinto.

De Aitana a Abraham Mateo: Aprendiendo volando y escuchando canciones

Recientemente, en una colaboración especial con Air Europa, hemos podido ver a dos de nuestros artistas reflexionar a miles de metros de altura.

Como bien nos confesaba Aitana mirando por la ventanilla, el viaje te obliga a hacer una pausa reconfortante. De esa desconexión nace una de las preguntas más profundas que se planteaba el de Maníaca durante el vuelo: «¿Reinventarte o evolucionar?»

Una cosa está clara: volar no solo te lleva de un punto A a un punto B, sino que te conecta con las emociones. Repasamos cinco grandes lecciones vitales que nos enseñan los viajes en avión…y las mejores canciones de nuestro pop en español.

Lanzaba Abraham Mateo la gran pregunta en las nubes y la respuesta está en los propios mapas de vuelo. En la aviación, los vuelos directos son cómodos, pero las escalas te permiten conocer lugares en los que nunca habías planeado aterrizar. Quedarse siempre en la zona de confort frena el vuelo, mientras que arriesgarte con nuevos sonidos te lleva más lejos.

Banda sonora: La carrera de Aitana es el mapa de vuelo perfecto de esta evolución. Su paso desde la balada pop romántica hasta la electrónica conceptual de `alpha´ o el brillo melódico de «Las Babys» demuestra que cambiar de rumbo no significa perder la identidad, sino enriquecerla. Algo similar ocurre con Abraham Mateo: de niño prodigio a convertirse en uno de los cantantes más versátiles del pop urbano español, rompiendo pistas con «Maníaca«. Los dos nos enseñan que para volar más alto, a veces hay que atreverse a cambiar de pista de despegue.

A nadie le agrada el traqueteo repentino de la cabina ni la luz parpadeante de los cinturones. Sin embargo, sabemos que el aire siempre vuelve a estabilizarse. En el pop en español, las canciones más desgarradoras nacen de esa misma sacudida emocional, pero siempre esconden un acorde que anticipa la calma.

Banda sonora: Cuando la vida se vuelve inestable, temazos como «La puerta violeta» de Rozalén funcionan como esa maniobra perfecta que te saca de la tormenta. La albaceteña nos recuerda que no hay turbulencia que dure para siempre. En esa misma línea, la fuerza vocal de David Bisbal en «Ajedrez» convierte el dolor de ruptura en un himno de pop arrollador.

Viajar solo con equipaje de mano es un arte; vivir sin cargar con nostalgias innecesarias, también. El aislamiento involuntario de un vuelo largo nos obliga a detener las prisas y disfrutar del presente.

Banda sonora: Si hay un artista que haya dominado el arte de «viajar ligero» es Camilo. Himnos como «Vida de rico» o «Favorito» apuestan por ritmos tropicales amables recordándonos que el exceso de equipaje solo añade peso inútil. En esa misma frecuencia se mueve Sebastián Yatra con «Tacones rojos«, un corte contagioso que funciona como un soplo de aire fresco a mitad de trayecto.

Cuando el avión alcanza su altitud, las ciudades se convierten en pequeños mapas dibujados a mano. Desde esa perspectiva, los edificios gigantes parecen minúsculos. Volar nos regala esa distancia necesaria para recordar quiénes somos realmente y qué raíces nos sostienen cuando volvemos a pisar suelo.

Banda sonora: Nadie canta la verdad de las raíces con la emoción visceral de Manuel Carrasco. En temas como «Coquito» o «Que bonito es querer», el de Isla Cristina construye un refugio sonoro, recordándonos que lo que te da alas es no olvidar nunca de dónde vienes. Así, Pablo López utiliza el piano en baladas como «El patio» o «Quasi» para desnudarse de cualquier artificio.

Por muy cómodo que sea el viaje o por mucho que disfrutes de las vistas, el clímax de cualquier vuelo es el momento en que el avión toca tierra y sabes que alguien te espera al otro lado de la puerta.

Banda sonora: Pocos artistas logran plasmar la intensidad del reencuentro como Alejandro Sanz. En temas eternos como «Mi persona favorita» o la inolvidable «No me compares», su voz transmite exactamente esa punzada en el pecho que se siente al volver a casa. Es la misma electricidad que desata Pablo Alborán en «Saturno» o «Dónde está el amor», donde las melodías al piano simulan el choque inevitable entre dos personas que vuelven a encontrarse.

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Y a ti, ¿cuál de estas reflexiones te inspira más cuando te abrochas el cinturón de seguridad?

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