
Uno de los errores más habituales, según explica, es pensar que el sexo debe ser siempre una experiencia larga, intensa o muy elaborada. Esta idea lleva a muchas parejas a descartar cualquier tipo de contacto íntimo cuando tienen poco tiempo o están cansadas.
El segundo motivo de consulta tiene que ver con la preocupación por la ausencia de deseo sexual. Sin embargo, Mónica recuerda que el deseo está estrechamente relacionado con el bienestar general. El estrés, la falta de descanso, los conflictos de pareja o una rutina exigente pueden hacer que el interés por el sexo disminuya temporalmente. Por ello, insiste en que el deseo «es una consecuencia de cómo estás contigo, con tu relación y con tu vida».
La experta también señala que algunas personas buscan en el sexo respuestas a necesidades emocionales profundas, como sentirse queridas, deseadas o validadas. Cuando esto ocurre, la ausencia de relaciones sexuales puede generar inseguridad, ansiedad o presión dentro de la pareja.
Los pensamientos intrusivos son otro de los problemas más comunes que aparecen en consulta. Dudas como «¿Y si no consigo llegar al orgasmo?», «¿Y si pierdo la erección?» o «¿Y si quiero parar?» pueden generar un estado de alerta que dificulta disfrutar del momento.
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