
Sobre este tema tan debatido cada vez más investigaciones en psicología del desarrollo y neurociencia infantil coinciden en que, cuando se realiza de forma segura, puede ofrecer beneficios emocionales y neurológicos importantes para el cerebro en crecimiento.
Desde la perspectiva del apego, los expertos explican que la cercanía física y la sensibilidad parental favorecen un apego seguro. Cuando un niño duerme cerca de sus cuidadores, su cerebro interpreta esa proximidad como una señal de protección. Lo que hace que se reduzca la activación del sistema de alerta, que está relacionado con el estrés, y facilita el descanso más profundo y reparador del niño.
A nivel biológico, el contacto nocturno regula el cortisol, la hormona del estrés. Diversos estudios señalan que los niños que se sienten acompañados durante la noche presentan menor ansiedad nocturna y menos despertares prolongados.
Eso pasa porque el cerebro infantil, especialmente en los primeros años de vida, está en plena construcción de sus circuitos emocionales. Y la sensación de seguridad, repetida noche tras noche, fortalece las conexiones neuronales asociadas con la autorregulación emocional.
Además, el colecho puede favorecer la sincronización de ritmos biológicos entre padres e hijos. La respiración y los ciclos de sueño tienden a acompasarse. Esta sintonía fisiológica aporta estabilidad al sistema nervioso inmaduro del niño, que aprende progresivamente a calmarse con mayor autonomía.
No obstante, los expertos subrayan que no se trata de una fórmula universal. La decisión debe considerar otros factores como la edad del niño y la calidad del sueño de los padres.
También es importante señalar que dormir juntos no determina por sí solo la futura independencia del niño. La autonomía se construye sobre una base de seguridad emocional. Cuando el cerebro infantil recibe el mensaje constante de «estoy protegido», desarrolla mayor confianza para explorar el entorno durante el día.
Por ello, dormir con tu hijo general un gran debate entre las familias. Por un lado, puede ser beneficioso para el desarrollo del niño ya que le ofrece un espacio seguro donde dormir sin estrés. Por otro, puede afectar de manera negativa al desarrollo independiente del pequeño.