
Pero es precisamente esto de lo que algunas investigaciones y organismos han comenzado a advertir, pues su consumo abusivo puede acarrear problemas que a priori nos pueden pasar desapercibidos. Si bien es cierto que es una opción ‘más ligera’ que las versiones con alcohol, lo cierto es que el hecho de que no lleven alcohol no las hace saludables y en ningún caso mejor opción que el agua para hidratarse.
De hecho, las cervezas 0,0 ocultan cantidades apreciables de azúcares añadidos y carbohidratos empleados para mantener el sabor tras eliminar el etanol. Esto implica que, en ciertos casos, su aporte calórico puede incluso ser superior al de una cerveza tradicional. Estudios recientes señalan que una lata puede sumar entre 50 y 100 calorías, dependiendo de la fórmula utilizada, un dato relevante para quienes siguen dietas o buscan perder peso.
A ello se suma el matiz legal y técnico que muchos consumidores desconocen: una bebida ‘sin alcohol’ puede contener hasta 1% de etanol. No ocurre lo mismo con la cerveza 0,0, que en este caso sí se garantiza que la bebida no contiene nada de alcohol.
Aunque es complicado intoxicarse con esas cantidades, sí pueden suponer problemas puntuales como falsos positivos en controles de alcoholemia si se consumen justo antes de soplar en un control, además de resultar poco apropiadas para personas en recuperación de adicciones, embarazadas o colectivos que requieren tolerancia cero al alcohol.
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