
Lejos de las luces de los grandes estadios y de la vorágine de la industria, el de Isla Cristina ha vuelto a pisar la tierra que lo vio nacer para regalarnos una de sus imágenes más auténticas y desnudas de artificios.
Quitarse la capa de gran estrella de la música no es fácil, pero para el cantante es un gesto tan natural como andar descalzo por la arena. Cuando los focos de las grandes giras se apagan, el artista busca el calor de su gente para desprenderse del peso de la fama y reencontrarse con su esencia más pura. Su último regreso a Isla Cristina nos ha dejado una escena tan íntima como emocionante.
El cantante ha hablado de su ciudad siempre que le ha sido posible y solo tiene palabras bonitas para hablar de ella. En una de sus intervenciones con los medios, reflexionó sobre lo que significó regresar a su tierra natal después del final de gira. Para el intérprete de «Bailando con lobos», Isla Cristina es un ancla que lo mantiene con los pies en la tierra. Así habló sobre su refugio en la costa de Huelva:
«Ahí vuelvo y me quito la armadura pesada que llevo, me pongo descalzo, voy andando por la arenita, me tomo mi cervecita fresquita con mis amigos y digo: ‘Esto es vida’”
Y es que para Manuel Carrasco, estar en casa es sinónimo de volver a la esencia más pura. Durante las fiestas de la Virgen del Mar del año pasado, Manuel Carrasco ya regaló a sus vecinos de Punta del Caimán una canción inédita cantada a viva voz y a pie de calle.
@manuel_carrasco_oficial
Mi Isla Cristina… ⚓️
Pero volviendo al presente, hemos podido presenciar otra muestra de esta conexión visceral del onubense con su gente: la emocionante escena vivida con motivo de las fiestas de la Virgen del Mar en el barrio de Punta del Caimán. Rodeado de su familia, amigos y vecinos a la puerta de una casa, el artista regaló un momento íntimo y mágico al cantar a viva voz una emotiva plegaria y canto inédito a la Virgen acompañado tan solo por el rasgueo de una guitarra española.