
Esta prueba, que no requiere más de diez minutos, examina aspectos básicos como la fuerza muscular en las piernas, el equilibrio y la velocidad al caminar para detectar qué pacientes de edad avanzada con tumores afrontan una mayor probabilidad de fallecer a lo largo de los doce meses siguientes.
A pesar de su brevedad y simplicidad —pudiendo ser aplicada por personal sanitario sin una formación específica en geriatría—, los resultados de la prueba SPPB ofrecen una capacidad predictiva equiparable a la de análisis geriátricos mucho más extensos y complejos.
El ensayo contó con una muestra de 229 participantes de 65 años o más diagnosticados con tumores de próstata, pulmón o del aparato digestivo. A todos ellos se les evaluó el grado de fragilidad inicial y se les realizó un seguimiento durante un año. Los resultados evidenciaron que quienes fueron clasificados como frágiles mediante el examen SPPB duplicaban con creces las posibilidades de fallecimiento frente a aquellos que no mostraban fragilidad, aun ajustando el cálculo según variables como el tipo de tumor, la comorbilidad o la edad.
Los investigadores recalcan que medir el estado funcional real resulta indispensable a la hora de personalizar los tratamientos oncológicos en la población anciana, permitiendo decidir si un paciente es candidato a terapias más intensivas o si requiere un abordaje más conservador enfocado en su bienestar.
A este respecto, el Dr. Marco Inzitari, director gerente del Parc Sanitari Pere Virgili e investigador del proyecto PROFIT, destaca las razones por las que la fragilidad supera a la edad biológica como criterio médico:
«La fragilidad es un indicador mucho más útil que la edad cronológica a la hora de tomar decisiones terapéuticas. Nos permite evaluar la reserva fisiológica y funcional de cada persona y adaptar el tratamiento a su situación real»
«Las decisiones terapéuticas no deberían estar determinadas únicamente por la edad o por el tipo y las características del cáncer, sino por la reserva fisiológica, la capacidad y el estado funcional de cada persona y su nivel de fragilidad»
La incorporación de estas escalas abre la puerta a un modelo asistencial multidisciplinar donde geriatras, oncólogos y personal de enfermería colaboran sobre una base objetiva común para adaptar las terapias a las necesidades de cada paciente.