Miedo al Silencio

Miedo al silencio: ¿Pasarías diez minutos sin auriculares a solas?

Evitamos quedarnos con nuestros pensamientos

Jorge Cintas

Sales de casa y te pones los auriculares. En el trayecto al trabajo suena un podcast; mientras haces la compra, escuchas Cadena Dial; cuando cocinas, un vídeo de fondo; y antes de dormir, una llamada o un capítulo más. El audio ha conquistado casi cualquier momento del día y el silencio se ha convertido, para muchos, en una experiencia cada vez menos habitual, en un miedo.

¿Qué nos da tanto miedo del silencio?

Vivimos rodeados de estímulos. La música, los pódcast y los vídeos nos acompañan en tareas que hace apenas unos años hacíamos simplemente… en silencio. No es casualidad. Gracias al móvil, acceder a cualquier contenido es inmediato, y llenar los pequeños huecos del día se ha convertido en un gesto casi automático. Pero ¿qué ocurre cuando apagamos todo?

Cada vez son más los expertos que alertan de la importancia de recuperar esos momentos de pausa. Permanecer unos minutos a solas con nuestros pensamientos no es una pérdida de tiempo; al contrario, permite al cerebro descansar del constante bombardeo de información, ordenar ideas, procesar emociones e incluso favorecer la creatividad. Sin embargo, muchas personas reconocen sentir cierta incomodidad cuando no tienen ningún estímulo sonando de fondo.

Miedo al Silencio
Miedo al Silencio – Getty

Esto no significa que escuchar música sea perjudicial, de hecho, todo lo contrario, ya que puede ayudarnos a relajarnos, concentrarnos o hacer más llevaderas las tareas cotidianas. El problema aparece cuando deja de ser una elección y se convierte en una necesidad. Si el simple hecho de caminar diez minutos sin auriculares nos genera ansiedad, aburrimiento o la sensación de que «falta algo», quizá hemos perdido parte de nuestra capacidad para convivir con el silencio. Y precisamente en esos instantes es cuando suelen aparecer las mejores ideas, las reflexiones más sinceras o las decisiones que llevábamos tiempo posponiendo.

No hace falta pasar horas desconectado para notar la diferencia, basta con pequeños gestos como salir a pasear sin auriculares, ducharse sin música o dejar el móvil a un lado durante unos minutos. Quizá el reto no sea renunciar a nuestros artistas favoritos o al último podcast de moda, sino comprobar si todavía somos capaces de estar, aunque solo sea diez minutos, a solas con nuestros pensamientos.

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