
El momento más divertido de la noche llegó cuando obligaron al cantante a decidir entre prescindir de una de sus grandes señas de identidad o compartirla en pareja: «¿O te afeitas tú el bigote para siempre o le sale uno a Evaluna? ¿Qué prefieres?».
Entre risas y echando mano de su particular sentido del humor, el intérprete de Vida de rico lo tuvo muy claro a la hora de defender el estilo en su casa: «Por el ego mío, no puede haber dos bigotes en mi casa. Me quito el mío. ¿Tú imaginas lo que sería? Sería una competencia diaria para ver quién tiene el mejor bigote. Mi esposa es la versión mejorada de todas las cosas, mi esposa va a tener un bigote y yo me voy a poner muy triste».
Más allá de las bromas sobre el bigote, las hormigas también quisieron poner a prueba sus convicciones musicales al proponerle una disyuntiva sobre el proceso creativo:
¿Compones la canción más bonita del mundo pero nadie puede escucharla nunca más o compones una canción malísima pero es un éxito mundial absoluto?
Lejos de dudar, el artista colombiano reflexionó sobre el dilema al que se enfrentan habitualmente los autores en la industria: «No exactamente esta pregunta, pero uno mientras escribe sí se hace esta pregunta constante. ¿Qué tanto estás dispuesto a negociar para tratar de, no está asegurado de que lo logres, encontrar un éxito o luego hacer lo más honesto que quieras y lo que más te gusta?».
Finalmente, Camilo dejó clara cuál es su verdadera prioridad creativa por encima de los datos de audiencia o las reproducciones globales: «Yo elegiría hacer una cosa y que no la escuchase nadie y que me guste a mí».