
Los expertos coinciden en que este fenómeno no es una señal de mala educación ni un reflejo de falta de autoridad. Ellos comentan que esto se debe a una combinación de factores que hacen que los más pequeños muestran su peor versión precisamente con quienes más quieren.
Los psicólogos señalan que los niños tienden a comportarse peor con sus padres porque son su figura de apego principal. Esto significa que con ellos se sienten lo suficientemente seguros como para expresar emociones intensas que han reprimido durante el día. En el colegio, con otros adultos o incluso con familiares menos cercanos, suelen esforzarse por mantener la calma y cumplir expectativas.
Aunque pueda resultar agotador para los adultos, este comportamiento es una señal de vínculo seguro.
Desde el punto de vista del desarrollo, los niños están aprendiendo a regular sus emociones y a poner a prueba los límites. Con los padres experimentan hasta dónde pueden llegar porque están construyendo su identidad y entendiendo cómo funciona el mundo. Los expertos explican que esta exploración es necesaria para su crecimiento emocional.
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