Parece que viajar solo no siempre está «bien visto» en nuestra sociedad.Muchas personas evitan disfrutar de una ruta, una visita o simplemente unas tranquilas vacaciones de verano en solitario solo por el hecho de no ser juzgadas. A veces es miedo, otras veces vergüenza, pero lo que está claro es que esta práctica cada vez es más habitual, y aunque pueda generar en nosotros diversas emociones, es totalmente lícito llevarla a cabo.
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Por qué viajar solo en verano genera miedo e ilusión a la vez
La psicólogaMaría Bernardo explica que hay tres sentimientos que suelen aparecer justo antes de hacer un viaje de forma individual: «Los tres miedos principales son la incertidumbre, la vulnerabilidad y la soledad emocional«.
Y no solo eso, sino que para la experta, además del miedo, también hay que tener en cuenta otro tipo de complejos que podrían dañar nuestra autoestima e impedir que queramos llevar a cabo esta forma de descanso: «Si todo el mundo parece estar viviendo un verano perfecto acompañado de su pareja o sus amigos, viajar solo puede hacer que nos sintamos menos o incluso unos fracasados«.
Sin embargo, asegura que últimamente este sentimiento se está empezando a convertir en ilusión, por disfrutar de nuestra soledad de una forma más sana: «La soledad deja de vivirse como castigo y empieza a poder vivirse como espacio propio». Además, recomienda comenzar de forma progresiva para no agobiarnos o frustrarnos antes de la cuenta: «Está bien empezar por algo pequeño. Un viaje corto y un destino cercano y sencillo para que de esta manera podamos adaptarnos poco a poco«.
En este contexto, planificar actividades que nos motiven, como senderismo, museos o gastronomía local, para reforzar la confianza, ampliar experiencias y transformar el viaje en solitario en una oportunidad de crecimiento personal auténtico y sostenible en el tiempo a largo plazo.