Internet permite compartir prácticamente cualquier momento de nuestro día a día. Una fotografía desde casa, una cuenta pública en redes sociales o incluso un nombre de usuario pueden parecer detalles sin importancia. Sin embargo, cuando se juntan suficientes piezas, pueden revelar mucha más información de la que imaginamos. Es aquí donde aparece el doxing
Se trata de una práctica que consiste en recopilar y publicar datos personales de una persona sin su consentimiento, normalmente con la intención de intimidarla, avergonzarla, perjudicarla o facilitar otro tipo de acoso.
El término procede de ‘docs’, una abreviatura de ‘documents’ utilizada en los primeros años de internet para referirse a la exposición de documentos o información personal.

El problema del doxing es que los datos no tienen por qué proceder de un único lugar. Los atacantes pueden reunir pequeñas piezas de información que están repartidas por distintas páginas y redes sociales hasta construir un perfil mucho más completo de una persona.
Entre los datos que pueden quedar expuestos se encuentran el número de teléfono, la dirección física, el lugar de trabajo, el correo electrónico, fotografías personales, información bancaria o datos relacionados con las redes sociales. También pueden aparecer publicaciones antiguas, información laboral o incluso determinados datos sobre la vida personal.
Además, no siempre es necesario acceder directamente a una cuenta. Según Kaspersky, los atacantes pueden aprovechar nombres de usuario repetidos en diferentes plataformas, información publicada de forma abierta, ataques de phishing o técnicas de ingeniería social para reunir nuevos datos.
Por eso, una fotografía aparentemente inocente también puede aportar pistas. El lugar donde se ha tomado, una dirección visible, el nombre de una calle o incluso otros perfiles relacionados pueden ayudar a completar esa información.

Reducir la cantidad de información personal disponible públicamente es una de las principales medidas para dificultar este tipo de ataques. No significa dejar de utilizar las redes sociales, sino prestar más atención a aquello que compartimos y a quién puede verlo.
Algunas recomendaciones pasan por configurar los perfiles como privados, utilizar contraseñas seguras y diferentes para cada cuenta y activar la autenticación en dos pasos. También conviene revisar periódicamente los permisos que tienen las aplicaciones y evitar compartir contraseñas por correo electrónico o servicios de mensajería.
Otro detalle importante es no utilizar necesariamente el mismo nombre de usuario en todas las plataformas. Cuando una misma identidad digital aparece vinculada a diferentes cuentas, puede resultar más sencillo relacionar información que estaba publicada en lugares distintos.
Y, antes de publicar una fotografía o un vídeo, merece la pena comprobar qué aparece alrededor. Una imagen puede contener más información de la que pretendíamos enseñar.
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