
«Los dispositivos están hechos para hacer que alguien se concentre en su uso, que le dedique una enorme cantidad de tiempo por contenido, pero sin lograr profundidad, nitidez, claridad y entendimiento«, señala la psicóloga Marcela Luchetta.
Sin embargo, las consecuencias van más allá del ámbito tecnológico y según la especialista, esta lógica de la inmediatez también se está trasladando a la vida cotidiana: jornadas repletas de tareas, la costumbre de hacer varias cosas al mismo tiempo y la sensación permanente de que faltan horas para llegar a todo se han convertido en una experiencia común para muchas personas.
Como consecuencia, vivimos más conectados que nunca, pero también más dispersos, con mayores dificultades para mantener la atención y con una creciente sensación de cansancio mental: «El compromiso con algo parece no estar de moda. Parece que todo hay que cambiarlo rápidamente por otra cosa: pareja, trabajo, ropa, coche, profesión… Todo dura instantes como un vídeo en las redes».
Detrás de esto existe una poderosa industria tecnológica cuyo modelo de negocio depende de captar y retener la atención de los usuarios: «Hay toda una industria diseñada para captar constantemente nuestro tiempo y nuestra atención. Nos hemos acostumbrado a obtener todo rápido, sin esperas, lo que reduce nuestra tolerancia a procesos más largos y reflexivos», explica el sociólogo Sergio González.