
Un sample puede ser una melodía, un ritmo, una base instrumental, una voz o incluso unos pocos segundos de una grabación original. Ese fragmento se incorpora a una nueva composición, normalmente transformándolo o adaptándolo al estilo del artista. Aunque hoy está presente en todo tipo de géneros, desde el pop hasta el reguetón o la música urbana, el sampling se popularizó en el hip hop durante las décadas de los 80 y los 90, cuando los productores construían nuevas canciones a partir de discos de soul, funk o jazz.
Eso sí, utilizar un sample no consiste simplemente en copiar una canción. Para poder emplear una grabación original es necesario contar con la autorización de los propietarios de los derechos, motivo por el que muchos artistas optan por otra alternativa: la interpolación.
¿Y cuál es la diferencia? Mientras que un sample utiliza directamente un fragmento del audio original, una interpolación consiste en volver a grabar una melodía, una progresión o una parte de la canción con una nueva interpretación. Es decir, se recrea el elemento musical, pero sin utilizar la grabación original. Un ejemplo muy conocido es Corazón Sin Vida, de Aitana y Sebastián Yatra, que interpola parte de la melodía de Corazón partío, de Alejandro Sanz, sin recurrir al audio original.
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