
Orozco comienza planteando la pregunta que sirve de hilo conductor: “¿Te has preguntado alguna vez cómo serías si hubieras nacido en otro lugar?”. A partir de ahí, se lanza a describir versiones alternativas de sí mismo según distintas ciudades europeas.
El artista comparte reflexiones sobre si hubiera nacido en Londres, pues sería «más contenido hacia fuera, pero igual de intenso por dentro». En Dublín, en cambio, se imagina como «un narrador incansable, capaz de contar historias más largas antes de cada canción», demostrando así la gran tradición literaria irlandesa que hay.
Su versión berlinesa sería, según el artista, «minimalista, de pocas palabras«, mientras que la de Bruselas destacaría por «la versatilidad y la naturalidad para cambiar de idioma». Por otro lado, París le inspiraría «introspección y poesía«, un artista más volcado hacia dentro, con letras cargadas de simbolismo.
Y si su origen estuviera en Zúrich, dice que sería “más preciso y ahorrador, como un reloj suizo al milímetro”, una personalidad marcada por la exactitud y la eficiencia.
Sin embargo, tras este recorrido imaginario por Europa, Orozco aterriza en una conclusión: ninguna de esas versiones sería realmente él. “Pero soy de Hospitalet de Llobregat”, afirma con orgullo, recordando que su identidad, su música y su forma de ser están profundamente ligadas a sus raíces.
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