
Durante las décadas de los 80 y los 90, la expresividad visual era un símbolo de libertad y optimismo total. Vivíamos rodeados de colores neones, fucsias o, incluso, verdes eléctricos que transmitían mucha vitalidad.
@biometricvote #color #colour #excitement #bright #beautiful ♬ original sound – ♔
Sin embargo, la actualidad se ha teñido de una gama monocromática mucho más aburrida, contenida y discreta que pasa bastante desapercibida. El triunfo del gris, el blanco y el beige en el diseño actual es lo que muchos expertos denominan como «minimalismo emocional». Y es que parece que en un mundo liderado por las constantes prisas, buscamos refugio en tonos que no nos sobrecarguen ni nos generen ruido visual.
Esta evolución estética actúa frecuentemente como un síntoma directo de nuestro estado anímico. La ausencia de esa intensidad cromática, que se traduce en monotonía, puede reforzar una sensación de vacío en nuestro interior. Al jugar con tonos «inofensivos», a veces, estamos construyendo un escudo inconsciente sobre nosotros mismos contra la vulnerabilidad y el juicio del prójimo.
@.dniiis El Mundo parece que ha perdido el Color | #minimalismo #nostalgia #2000s #vida ♬ sonido original – Dniiis
Sin embargo, la buena noticia reside en que recuperar la alegría y el bienestar que nos aportaban los colores vibrantes está en nuestras manos. No es necesario que transformes tu casa por completo, basta con incluir pequeños detalles que nos devuelvan esa vitalidad tan necesaria. Por ejemplo, un paraguas rojo en vez de negro o una silla azul en vez de beige puede ser el recordatorio idóneo de que seguimos conectados con el entorno.
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