
Hoy queremos hacerle un homenaje a Alejandro Sanz utilizando sus canciones para crear un musical que no dejaría indiferente a nadie. Una obra llena de sentimiento, amor puro y romance, elementos muy característico de las letras de sus canciones. Así imaginamos nosotros que sería su musical:
En el corazón de Andalucía, entre mares de olivos y calles blancas bañadas por el sol, nace esta historia. Esta trama estaría ambientada entre un pequeño pueblo de Jaén, la ciudad universitaria de Murcia y la capital jiennense. Este musical propone un viaje emocional a través del amor, las decisiones vitales y las segundas oportunidades, todo ello hilado con algunas de las canciones más icónicas de Alejandro Sanz.
La historia comienza en un pequeño pueblo de Jaén. Allí crecen los protagonistas, novios desde la adolescencia, inseparables desde el instituto. Comparten veranos interminables, fiestas patronales y sueños de futuro. Cuando llega el momento de elegir carrera, ambos deciden marcharse a Murcia para estudiar en la misma universidad: él cursa Administración y Dirección de Empresas (ADE); ella, Protocolo y Organización de Eventos.
El primer acto está marcado por la ilusión. La música acompaña su complicidad y esa sensación de que el amor puede con todo. En este contexto, Bésame encaja como número luminoso y romántico, quizá en una escena que combine recuerdos del pueblo con la emoción de la nueva vida universitaria. Además, la coreografía podría mezclar danza contemporánea con toques flamencos, reflejando sus raíces andaluzas.
La intensidad de la relación los lleva a tomar una decisión precipitada: se casan con apenas 21 años, cuando terminan cada uno su carrera. La boda, celebrada en su pueblo natal, sería uno de los grandes momentos visuales del acto, con el elenco representando la alegría colectiva, la tradición y la esperanza. Sin embargo, bajo esa felicidad empiezan a latir diferencias.
Con el paso de los meses, y ya instalados en la rutina de la vida adulta, surgen las primeras tensiones. Él sueña con regresar al pueblo para formar una familia, cuidar las tierras heredadas y construir una vida estable. Ella, en cambio, empieza a imaginar un horizonte más amplio: viajar, trabajar con grandes marcas, organizar eventos internacionales, explorar otros mundos.
En sus momentos de duda interior, Y si fuera ella se convierte en una poderosa balada introspectiva. Podría interpretarse como un número donde se refleja lo que ambos no se atreven a decir. Las luces se cierran, el escenario se vacía y solo quedan dos jóvenes enfrentados a sus propios miedos.
Dos años después de la boda, la realidad es inevitable: no comparten los mismos objetivos de vida. Él quiere hijos; ella no. Él desea echar raíces; ella quiere volar. La discusión final culmina con Corazón partío, convertida en un gran número coral donde el dolor individual se funde con una coreografía intensa que simboliza la ruptura. El acto termina con la separación y con la sensación de que el amor no siempre lo puede todo.
Diez años después, el telón se abre sobre dos vidas transformadas.
Él ha regresado al pueblo y se ha convertido en un empresario de éxito. Posee amplias extensiones de olivos y ha desarrollado un innovador proyecto de aceite sostenible que busca posicionarse en mercados internacionales. Vive en un chalet de lujo a las afueras, rodeado de campos infinitos que representan tanto su prosperidad como su apego a la tierra.
Además, mantiene una relación estable desde hace cinco años. Su novia es apasionada, cómplice, y juntos han compartido momentos felices. Sin embargo, en el fondo de su mirada aún habita una sombra del pasado.
Ella, por su parte, se ha instalado en Jaén capital. Ha creado una pequeña agencia que organiza grandes eventos para marcas y empresas. Aunque no dirige una multinacional, su talento la ha llevado a posicionarse como una profesional creativa y resolutiva. Ha tenido otras relaciones, pero ninguna ha alcanzado la intensidad de su primer amor.
El destino los reúne de forma inesperada en las calles de Jaén. Él viaja a la capital para presentar su nuevo proyecto de aceite sostenible a una importante compañía. El encuentro casual podría escenificarse con un juego coreográfico que congele el tiempo mientras sus miradas se cruzan.
La pasión regresa con fuerza. En la última noche antes de que él vuelva al pueblo, la intensidad alcanza su punto máximo. Quiero morir en tu veneno encajaría para este momento, con una puesta en escena íntima y cargada de simbolismo, donde la luz y la sombra representen el deseo y la culpa.
Pero la mañana siguiente trae la realidad. Él le confiesa que tiene novia. La traición, aunque compleja, es innegable. Ella se siente utilizada. La discusión revive los reproches del pasado: los hijos que no llegaron, los sueños truncados, la sensación de haber elegido caminos distintos.
La tortura se convierte en el número dramático del acto. Finalmente, vuelven a separarse. Él regresa al pueblo; ella decide centrarse exclusivamente en su trabajo, intentando convencerse de que lo ocurrido fue solo un error.
Dos semanas pasan, pero el recuerdo de esos días es imborrable. Él ya no se siente igual con su novia. La distancia emocional crece, y las escenas domésticas donde antes todo era amor y risa se convierten en silencios incómodos.
Ella tampoco logra concentrarse. Aunque intenta volcarse en su agencia, su mente regresa constantemente a las conversaciones pendientes, a la sensación de que quizá esta vez sí estaban preparados.
Entonces surge una oportunidad profesional decisiva: recibe una propuesta muy jugosa para organizar un gran evento en su pueblo natal. La oferta económica es difícil de rechazar y su agencia necesita ese impulso. Tras dudarlo, acepta.
El giro dramático llega cuando descubre que el evento se celebrará en los campos de olivos de él. El escenario se transforma en un espectáculo visual: hileras de olivos iluminadas, mesas elegantes entre la naturaleza, música en directo. En medio de la organización, se ven obligados a hablar. Ya no son los jóvenes impulsivos del pasado ni los amantes clandestinos del reencuentro. Son adultos con mayor claridad emocional.
En este punto, Palmeras en el jardín se convierte en el gran tema de reconciliación. Se piden perdón. Reconocen que entonces no estaban preparados. Entienden que amar también implica respetar los tiempos.
La novia de él descubre la verdad y, herida, decide marcharse. Esas son las consecuencias de sus actos. Finalmente, los protagonistas apuestan por intentarlo de nuevo, esta vez construyendo un proyecto común que combine la tierra y los sueños.
El musical cierra con un número final coral que retoma fragmentos de Corazón partío, transformándolo en una versión esperanzadora. El amor que una vez se rompió encuentra una segunda oportunidad.
El papel femenino podría recaer en una actriz-cantante con sensibilidad contemporánea y potencia emocional, capaz de transitar de la ilusión juvenil a la determinación profesional. Por ello, la actriz Cristina Picos, ahora protagonista del musical Wicked en Madrid, podría ser una buena candidata para este papel.
El protagonista masculino requeriría una voz intensa y expresiva, con presencia escénica y matices suficientes para reflejar tanto la seguridad del empresario como la vulnerabilidad emocional. Por ello, el actor que podría encajar en este aspecto es Quique Niza, Mauris en el musical de Los Miserables de Madrid.
MÁS SOBRE: